Un informe realizado por cronistas de este diario puso en evidencia el avanzado estado de deterioro que exhibe el exterior del edificio del Ministerio de Seguridad bonaerense, en la manzana comprendida por las calles 2 a 3 desde 51 a 53, es decir en el llamado eje fundacional que, en su transcurso, contiene a sedes históricas como la Catedral, el palacio de la Municipalidad, la Legislatura y la Casa de Gobierno.
El que antes fuera asiento de la Jefatura de Policía, hoy convertido en la cartera de Seguridad, pertenece también a ese patrimonio arquitectónico institucional, ideado por los fundadores como una muestra de la naturaleza política con que nació nuestra ciudad. Por ello y otros motivos, debiera ser mantenido en perfectas condiciones. Sin embargo, tanto sus fachadas como, en especial, sus veredas, exponen una degradación impropia de sus antecedentes.
Se habla, además, de un incumplimiento sostenido de las ordenanzas que obligan a todos los frentistas -sean ellos particulares o públicos- a mantener sus veredas en perfectas condiciones de uso, en una situación que, obviamente, resulta especialmente injustificable cuando es un organismo del Estado el que incumple con los mandatos normativos.
El informe publicado reflejó lo que todo observador puede constatar: veredas rotas, segmentos de mármol suelto, pérdidas de agua que anegan las veredas y mampostería a punto de caer. Así, con estas mismas palabras, se iniciaba una crónica publicada en este diario el 3 de agosto del año pasado. Ahora todo está igual, aunque agravado por el paso del tiempo.
No sólo no se realizaron acciones para poner en valor al patrimonial edificio, sino que en su perímetro se ven acentuadas la dejadez y el abandono: las filtraciones de agua y de desperdicios cloacales se multiplican; las veredas están en ruinas, caminar por allí es un calvario y los vecinos están cansados de la basura que se desparrama de los contenedores.
En la más estrecha vereda de 3 faltan hileras enteras de baldosas. Como “puentes” hay colocadas tablas de madera que con la acumulación de agua se pudrieron y tampoco son fiables para pisar. Asimismo, allí hay un virtual depósito de contenedores municipales sin tapa que, ya en las primeras horas de la tarde, rebalsan de basura. Los vecinos señalan que se trata de un foco infeccioso, sobre el cual pueden arrojarse desde papeles hasta un escritorio roto.
Para caminar por la vereda de 51 hay que disponer de dotes de equilibrista. La fachada lateral del edificio deja ver falta de revoques y pinturas; las molduras están rajadas y en esas grietas crecieron plantas que, en algunos casos, superan el metro de altura. Las rejas de las puertas y ventanas se ven oxidadas.
Desde el ministerio de Seguridad se aseguró que se evalúa en la actualidad un proyecto para iniciar la reparación de las veredas y que, a su vez, existe un plan en ejecución para reconstruir la fachada, aún cuando hay prioridad para las obras que se realizan en distintas comisarías de la Provincia.
Sea como sea, está claro que las autoridades del área de Seguridad deben tomar debida nota de los justificados reclamos de la población platense, tanto por el mal estado de las veredas como por la integridad de un edificio que forma parte de la mejor tradición histórica y arquitectónica de la Ciudad.
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